PEPE SUAREZ DONOSO Y POLO NOYOLA

PEPE SUAREZ DONOSO Y POLO NOYOLA

sábado, 9 de abril de 2011

A José Suarez Donoso

A JOSÉ SUÁREZ DONOSO
Dr. Agenor González Valencia

Tengo en el corazón y en la memoria, grabada con el filo sincero del pródigo afecto, la viva imagen de José Suárez Donoso. Nos conocimos en el centro de la cordialidad y la cultura que lleva el nombre de Teorema, que en griego quiere decir ojos de Dios o mirada divina. Lo veo con admiración y entrañable cariño. Alto de cuerpo, en aquellos tiempos cabello ondulado, como trigal, floreciente; frente amplia, ojos claros, nariz perfilada, labios delgados, piel sonrosada, franca sonrisa, agilidad mental, punzante ironía, bromista, charla amena, modos agradables, cultura, educación.

Pepe, como afectuosamente le llamamos, vino a nuestras tierras procedente de la república de Chile. Arraigado en Puebla tomó la ciudadanía mexicana y aquí entregó cariño, experiencia, cultura y luces para el porvenir.

Escribió poemas en los que se destilan impactos de belleza, de ternura, de rebeldía y de calor humano.

Muchas veces recité poemas de su autoría que de mis labios le gustaba escuchar. Por ejemplo, Indio y Canción de cuna para una mariposa monarca. Sus cuentos también son espléndidos y su facultad de docente encauzaba a quienes a su lado remaban por las unduosas y a veces claras y a veces turbias, aguas del derecho y de la justicia.

Amigo sincero, reunía nuestro modesto grupo, cada sábado, para departir sobre temas de literatura y de pasajes de las vidas públicas o privadas.

Por su presencia, por sus enseñanzas, por nuestro deseo de tenerlo siempre entre nosotros, encabezando los encuentros sabatinos, aquí en Teorema, convirtamos nuestro corazón en copa cristalina de la que escanciemos el generoso vino de la amistad en homenaje al amigo, al compañero, al poeta, al niño-hombre José Suárez Donoso, quien pervive sonriente, irónico, bromista y afectuoso en el alma de cada uno de nosotros que reunidos hoy, le rendimos espiritual homenaje, con el compromiso de seguir nuestras reuniones sabatinas, teniendo siempre presente a ese faro cuya luz es permanente y alegre en nuestros corazones.